miércoles, 29 de agosto de 2012

LOS DRUIDAS





La etimología de la palabra “druida” no está muy clara. A pesar de todo, algunos especialistas como Max Müller creen que procede de la palabra drui, cuyo significado es “hombre de los robles”. Sorprende el paralelismo con la palabra griega dryades,  que hacía referencia a los dioses de los bosques, e incluso del vocablo sánscrito dru, cuyo significado es “árbol”.

Las fuentes escritas de la época romana constituyen una excelente (aunque escasa) prueba documental del modo de vida de estas personas que gozaban de una especial consideración en el entramado social de su época. Los druidas podrían considerarse como los depositarios de una sabiduría que habría sobrevivido de generación en generación, y que incluía disciplinas tan dispares como la teología natural, la medicina,  las ciencias físicas, la geografía o la astrología, entre otras. Según Artemiodoro, en una isla próxima a Gran Bretaña los druidas adoraban a Ceres y a Perséfone, lo cual demostraría su estrecha vinculación con las civilizaciones mediterráneas. 

En el campo de la medicina los druidas utilizaban  remedios naturales tan peculiares como el muérdago o los huevos de serpiente. Según Éliphas Levi, la razón por la cual recurrían a estas sustancias era debido a que las mismas atraen la luz astral de una forma determinada. En determinadas épocas del año, teniendo en cuenta la posición del sol, la luna y las estrellas, el druida trepaba por un roble y cortaba el muérdago, cuyas propiedades eran muy preciadas.

Los druidas también eran poseedores de una sabiduría secreta (semejante a la existente en la antigua Grecia), aunque no se conoce ninguna fuente escrita, todo lo cual hace suponer que la transmisión de la sabiduría se realizaba de forma oral.


Algunos autores inciden en la sorprendente relación del druidismo con la simbología cristiana. En este sentido, la simbología de la cruz y la serpiente están dotadas de una enorme importancia: Los druidas cortaban las ramas de un roble y formaban la letra te. Ademas, los druidas tenían predilección por una virgen madre con un niño en sus brazo. Además se sabe que adoraban al Sol y que dicha divinidad nacía en el amanecer del vigesimoquinto día de diciembre.

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